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La más controvertida reforma del Código Penal - Campo Alpín
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La más controvertida reforma del Código Penal

La más controvertida reforma del Código Penal

La reforma del Código Penal que castiga la pobreza y limita los derechos ciudadanos

                El pasado mes de julio entró en vigor la última reforma del Código Penal, y la verdad que un análisis de la misma da para un libro, ya que más que una reforma prácticamente se ha publicado un nuevo Código y se han variado algunos de los fundamentos básicos históricos de nuestro Derecho Penal. Como la tarea del libro nos excede, nos conformaremos con dar en estas líneas alguna pincelada sobre lo que dicha reforma supone:

                No podemos evitar decir desde el principio claramente que la reforma del Código Penal no nos gusta, porque con independencia de la regulación específica de cada delito, en general el objetivo buscado es penalizar más gravemente algunas conductas cuyo reproche y alarma social son escasos, tales como robos y hurtos de escasa entidad, entre otras, o defraudaciones de escasa cuantía en suministros tales como electricidad o gas. Eso sí, este objetivo se realiza desviando la atención hacia otras cuestiones como la de la prisión permanente revisable o la de la despenalización de las faltas. A ellas nos referiremos a continuación.

                Por lo que se refiere a la prisión permanente revisable, lo primero que hay que poner de manifiesto es que nos parece una medida incompatible con los principios del estado de derecho puesto que si bien establece la posibilidad de evitar esa “permanencia”, no es menos cierto que en la práctica puede ser una suerte de cadena perpetua encubierta, y nuestra Constitución no permite la cadena perpetua. Dicho esto hay que indicar también que se prevé para unos tipos delictivos muy específicos, de enorme gravedad y que en general y afortunadamente no van a cruzarse en la vida del ciudadano común.

                En cuanto a la despenalización de las faltas, se trata de un asunto enormemente relevante desde el punto de vista de la ciudadanía porque este sí va a afectar directamente a un buen número de personas en el futuro. En la redacción anterior del Código Penal había un catálogo de conductas de escasa gravedad que estaban penadas como faltas y ahora se dice que para frenar la saturación de los Juzgados y también para “reservar” el derecho penal para aquellas conductas más graves las faltas se han despenalizado. En la práctica una condena por una falta no creaba antecedentes penales y se saldaba con alguna pequeña localización permanente o multa de escasa cuantía. ¿Qué utilidad tenía esta figura?. Pues la de dar un toque de atención a aquellas personas que generaban problemas de diversa índole que eran como decimos de pequeña entidad pero podían resultar muy molestos para la convivencia. Pensemos en injurias leves o amenazas leves o incluso alguna agresión sin lesiones corporales de entidad, pero pensemos también en algún leve “rifirrafe” con agentes de la autoridad, en fin, ya saben, una palabra que se escapa… Y también servían para dar tratamiento judicial a algo muy importante: las lesiones o el homicidio causados por imprudencia leve, pensemos ahora en los accidentes de circulación. En estos juicios por lesiones imprudentes pesaba más el camino judicial relativamente sencillo para obtener la satisfacción económica de la víctima que generalmente afrontaba la compañía aseguradora, que el efectivo castigo penal del infractor que, por imprudencia leve, había causado unas lesiones o incluso la muerte (no estamos hablando aquí de kamikazes al volante ni de accidentes causados por conductores ebrios, entre otras conductas graves).

                Pues bien, ahora esas conductas que antes se catalogaban como faltas han seguido tres posibles caminos, a cual peor: El primero de los caminos es la transformación de algunas en lo que se ha dado en llamar “delitos leves”. ¿Qué implicará el cambio?, pues de entrada que una condena por delito leve generará antecedentes penales en el infractor, antecedentes que se establece que no se tengan en cuenta en el futuro a efectos de reincidencia, aunque sí para agravar determinados delitos como el hurto leve; pero lo cierto es que ahí estarán, dispuestos para ser leídos en el certificado de cada uno de nosotros que nos pueden pedir para un sinfín de trámites.

                El segundo de los caminos previstos es la despenalización de la conducta y su sanción por la vía administrativa. Por ejemplo, conductas de desobediencia leve a la autoridad y sus agentes ahora pasan a sancionarse por la vía de la Ley de Seguridad Ciudadana, y no olvidemos que sin control judicial hasta la imposición de la sanción que en caso de disconformidad deberá ser recurrida por el interesado ante la jurisdicción contencioso administrativa, con el coste que ello supone.

                El tercer camino es la simple despenalización sin más, es el caso de las lesiones y el homicidio por imprudencia leve que hemos dicho que afecta a los accidentes de circulación. En estos casos a las víctimas no les queda más que acudir a la vía civil en defensa de sus derechos, con un notable incremento de costes ya que hasta ahora el médico forense elaboraba un informe de las lesiones y secuelas, y arriesgándose al pago de las costas procesales en caso de desestimación de la demanda.

                Vamos a parar aquí, aunque hay materia para rato porque lo dicho no es más que una mera muestra de lo reformado. Tal como hemos anticipado, la conclusión global de la reforma del Código Penal no puede ser más decepcionante, sin perjuicio de que el legislador haya acertado cambiando la regulación de algunos delitos, cuestión que nos parece de escaso mérito dado el gran tamaño de la reforma que hace que si difícil era acertar en todo, no menos difícil era errar en todo.

Protesta Código Penal

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