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Lo que se acordó en el divorcio ¿es para siempre?

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14 Nov Lo que se acordó en el divorcio ¿es para siempre?

Parece que cuando se firma un divorcio de mutuo acuerdo, o cuando el Juez dicta la Sentencia en un divorcio contencioso, las consecuencias que se derivan son para siempre. No es extraña esa sensación. Después de un proceso difícil y en ocasiones largo se ha conseguido por fin una resolución que “organiza” la situación. Pero no, no necesariamente las consecuencias o medidas acordadas en un proceso de divorcio son para siempre, afortunadamente; sino que si cambian las circunstancias tenidas en cuenta para decidirlas, estas consecuencias pueden cambiar.

 

Efectivamente, si a lo largo del tiempo tras el divorcio cambian sustancialmente las circunstancias, las medidas adoptadas, todas o algunas de ellas pueden cambiar. En este sentido preocupa mucho a las personas que se divorcian si pueden cambiar las medidas relacionadas con la guarda y custodia de los hijos menores de edad. Por ejemplo:

¿Qué pasa si uno de los progenitores decide cambiar de lugar de residencia, trasladándose a otra ciudad o incluso a otro país?

¿Puede tener lugar ese cambio sin más? ¿Si se produce, cómo afectará al régimen de custodia y visitas de los hijos menores?

Si cambian las circunstancias, las medidas pueden cambiar.

De entrada hemos de decir que no se puede impedir a uno de los progenitores el cambio de su residencia por los motivos que sean, pero sí que se puede impedir que ese cambio de domicilio implique necesariamente un cambio de domicilio del menor si el cambio perjudica sus intereses.

La clave es tomar las decisiones teniendo en cuenta el interés del menor.

En supuestos de custodia compartida, que van siendo cada vez más en comparación con los de custodia atribuida a uno de los progenitores. Si se produce un cambio de residencia de uno de los progenitores las partes pueden llegar a un acuerdo para modificar el régimen de custodia, decidiendo si el menor se traslada a la nueva residencia y se establece un régimen de visitas con el progenitor que se queda en el lugar de residencia habitual, o si no se llega a un acuerdo, el Juez valorará de qué modo se salvaguarda mejor el interés del menor. Para ello tiene en cuenta cuestiones como: su edad, el arraigo familiar que mantiene en su lugar de origen, el que disfrutará en ese hipotético nuevo lugar de residencia y otros aspectos relacionados con el arraigo como el escolar, amistades, etc.

En supuestos de custodia atribuida a uno solo de los progenitores, obviamente también se puede llegar a acuerdos, pero si no es así, si el que se traslada es el progenitor no custodio y la nueva distancia entre ambos domicilios impide desarrollar el régimen de visitas establecido, en interés del menor y para favorecer la comunicación el Juez puede establecer visitas más espaciadas en el tiempo pero con estancias más largas. También puede decidir quién o en qué proporción debe asumir el coste de los desplazamientos del menor para las visitas.

Si el que se traslada es el progenitor custodio, a falta de acuerdo, el Juez valorará en interés del menor con los parámetros comentados anteriormente en los casos de custodia compartida.  Decidirá si el menor debe permanecer bajo la custodia del mismo progenitor trasladándose a la nueva ciudad o si, por el contrario, procede realizar un cambio en la custodia, atribuyéndosela al progenitor que hasta ahora no la tenía y permanecer en el entorno en el que en menor tiene su arraigo. En este caso, posiblemente también se fijará un régimen de visitas espaciadas pero largas que favorezca la comunicación del menor con el progenitor desplazado, a pesar de la distancia.