¿Nos divorciamos más al final de las vacaciones?
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¿Nos divorciamos más al final de las vacaciones?

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05 Sep ¿Nos divorciamos más al final de las vacaciones?

Los divorcios aumentan en septiembre.

Como todo el mundo sabe, los divorcios ocupan una parte importante del trabajo de muchos despachos de abogados, y en esta época, a la vuelta de las vacaciones estivales, se dice que repunta el número de expedientes de divorcio que entran a los Juzgados, ¿es eso cierto?.

Las estadísticas apuntan a que es verdad que en los meses de septiembre y tras las fiestas navideñas se incrementa el número de divorcios pero es evidente que la decisión de poner fin a una relación conyugal no suele estar motivada por algo que sucedió, como quien dice, la víspera; sino que es fruto de una crisis de pareja que habitualmente ha tenido un largo recorrido. Entonces, ¿Por qué se produce precisamente en esas fechas el desencadenante?

¿Recuerdan que a principios de septiembre la televisión nos bombardea con anuncios de fascículos, cursos a distancia, etc.? ¿Y recuerdan que lo mismo sucede en los primeros días de enero?. Esto no es casual, como todo el mundo sabe; por lo que respecta a las fechas invernales responde a la perspectiva que se nos crea en el paso de un año a otro: cambio, oportunidad, nuevos propósitos (sobre todo propósitos), y algo parecido sucede al final del verano: inicio de curso, vuelta a la rutina, también nuevos propósitos.

Esta predisposición se aprovecha para incrementar las ventas. Y entre estos anhelos también puede encontrarse poner fin a una relación que observamos que hace tiempo que no funciona, ello unido a que en ambos momentos del año acaban de finalizar unas fechas en las que la fiesta y la reunión familiar es la protagonista y puede parecer inoportuno ensombrecer su brillo con un anuncio de divorcio o ruptura de pareja.

Al hilo de lo anterior, una de las primeras razones que se dice que precipitan estas decisiones es:

Haber pasado un período de convivencia familiar intensa y más o menos largo

Durante el año, en demasiadas ocasiones, los miembros de una familia lamentablemente cohabitan pero no conviven. Viven bajo el mismo techo pero el ajetreo diario de trabajo, estudio, ocio no compartido, etc., hace que la comunicación sea mínima, y no solo entre cónyuges sino también entre padres e hijos. En vacaciones esta situación revierte y ante situaciones previas de crisis latente hay más tiempo para que los miembros de la pareja constaten que están lejos de la situación familiar que les gustaría vivir.

Además en esta época vacacional, y también y muy especialmente en Navidad, se producen encuentros más o menos largos con la familia extensa (padres, familia política…) y, como dicen los psicólogos, no siempre esta interacción es la mejor medicina para una relación conyugal en crisis. Sobre esto se pueden hacer muchas bromas relativas a suegros/as y cuñados/as, pero es un hecho constatado que ejercen influencia en la adopción de la decisión final de ruptura de la convivencia.

En definitiva, lo importante es afrontar la situación, si se produce y suceda cuando suceda, con responsabilidad, sensatez y cordura. Nadie dijo que fuese fácil, pero precisamente ese es el resumen de lo que se le puede pedir a un abogado en estos casos: Que en su ejercicio profesional contribuya a que en las rupturas matrimoniales todos actúen con responsabilidad, sensatez y cordura.